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Viñátigo en Harpers.co.uk: "35 años interpretando el origen en los vinos volcánicos de Canarias"

  • 14 abr
  • 4 Min. de lectura
Vista aérea de un viñedo isleño con patrones circulares en suelo oscuro. Texto: Harpers.co.uk, sobre vinos de las islas de España.

La revista británica especializada Harpers Wine & Spirit Trade News ha publicado recientemente el artículo “Erupting popularity: Spain’s island wines”, firmado por Justin Keay, en el que analiza el creciente interés internacional por los vinos de territorios insulares como Canarias.


En este contexto, Bodegas Viñátigo ha sido una de las voces invitadas a reflexionar sobre la evolución del sector, el valor de las variedades autóctonas y los retos de futuro.


A través de esta entrevista, compartimos no solo una trayectoria de más de 35 años, sino una forma de entender el vino: como una expresión directa del territorio, de su historia y de quienes lo trabajan.


Acaban de celebrar 35 años elaborando vino en Tenerife. ¿Cuáles han sido los mayores cambios como productor en este tiempo?


En los últimos 35 años, el mayor cambio ha sido la forma en la que entendemos y valoramos nuestro propio territorio.


Cuando empezamos, la viticultura en Canarias se consideraba una agricultura marginal. Debido a las pendientes pronunciadas y los suelos volcánicos, los viñedos se plantaban donde no podía crecer nada más. Esto dio lugar a lo que hoy llamamos viticultura heroica: pequeñas parcelas, condiciones extremas y un enorme esfuerzo humano, pero durante mucho tiempo esa singularidad no se percibía como una ventaja.


En las décadas de los 80 y 90 también existía una fuerte presión para sustituir nuestras variedades locales por otras llamadas “mejorantes”, bajo la idea de que las uvas autóctonas no podían producir vinos de calidad. Para Viñátigo, uno de los mayores retos —y una de nuestras decisiones clave— fue resistir esa tendencia y apostar por la recuperación y conservación de nuestras variedades. No era el camino fácil, pero hoy es lo que define nuestra identidad.


Otro gran cambio ha sido el conocimiento. Empezamos con un enfoque muy artesanal, basado en la experiencia empírica, con pocas herramientas técnicas y escasa investigación local. Con el tiempo, el acceso al conocimiento vitícola y enológico nos ha permitido entender mejor nuestros suelos, clima y variedades, y elaborar vinos con mucha más precisión: vinos que expresan con claridad el paisaje volcánico y el clima atlántico, dentro de un modelo más sostenible y respetuoso.


Sus vinos celebran las variedades autóctonas, algunas únicas en el mundo. ¿Qué las hace especiales y qué valoran los consumidores?


Lo que hace verdaderamente especiales a las variedades autóctonas de Canarias es que representan un patrimonio vitícola vivo.


Al no haber llegado la filoxera a las islas, nuestras cepas son prefiloxéricas y a pie franco, y muchas no tienen equivalentes genéticos en el mundo. Canarias es algo así como un “Jurassic Park” de variedades de uva.

Pero no es solo una cuestión de rareza. Estas variedades están perfectamente adaptadas a nuestros suelos volcánicos, a los vientos alisios y a las altitudes extremas. Han evolucionado durante siglos para sobrevivir a la sequía, la salinidad y la pobreza del suelo, dando lugar a uvas con alta acidez natural, bajos rendimientos y gran complejidad aromática.


Lo que más valoran los consumidores es que estos vinos no son genéricos. Son vinos claramente atlánticos y volcánicos: frescos, tensos, minerales, con notas salinas, ahumadas y herbales. En un mundo cada vez más estandarizado, ofrecen algo realmente único.


Algunos vinos como Lomo de la Era parecen nuevos. ¿Puede hablarnos de estas nuevas elaboraciones?


Estos vinos representan una evolución natural hacia una expresión más profunda del lugar.


Tras años centrados en la recuperación de variedades, hoy podemos interpretar viñedos concretos y paisajes específicos. Lomo de la Era, Maipé de Taganana y Ensamblaje Blanco exploran esa idea desde distintos enfoques, pero con un objetivo común: expresar Tenerife desde su autenticidad.


Lomo de la Era procede de una pequeña parcela de Listán Blanco cultivada con el sistema tradicional de cordón trenzado, donde las cepas pueden superar los 20 metros de longitud. Es un vino preciso y contenido, muy ligado al ritmo del viñedo.


Maipé de Taganana nace en el macizo de Anaga, uno de los territorios geológicos más antiguos de la isla, con suelos basálticos ricos en hierro. Las viñas crecen entre rocas procedentes de un antiguo derrumbe volcánico, dando lugar a un vino de gran mineralidad, salinidad y tensión atlántica.


Ensamblaje Blanco, en cambio, plantea un diálogo entre distintas variedades blancas autóctonas, donde cada una aporta acidez, textura o estructura para construir una expresión más compleja de la isla.


¿Cuáles son los mayores retos de futuro? ¿Es el cambio climático un problema importante?


El cambio climático es uno de los grandes retos, pero en Canarias es especialmente complejo.


Ya estamos viendo temperaturas más altas, lluvias irregulares y periodos más largos de sequía. En un territorio con suelos volcánicos poco profundos y recursos hídricos limitados, esto aumenta la presión sobre la viticultura.


Sin embargo, nuestras variedades y viñedos antiguos también nos dan ventaja. Han evolucionado en condiciones extremas y presentan una gran resiliencia, especialmente al estrés hídrico.


El mayor desafío es proteger este paisaje frágil y mantener viva la viticultura en estas zonas. La viticultura heroica es costosa y vulnerable al abandono rural. Para nosotros, la sostenibilidad no es solo ambiental, sino también social y cultural: si desaparecen los viticultores, desaparecen los viñedos.


El futuro pasa por adaptarnos sin perder identidad.


Con más de 200 bodegas en Canarias, ¿cómo ve la estructura del sector? ¿Tiene sentido una entidad común?


Canarias es una región muy diversa, pero también muy desigual en volumen.


Tenerife concentra cerca de la mitad de las bodegas y la producción. Si sumamos Lanzarote y La Palma, estas tres islas representan alrededor del 90% del total. Sin embargo, existen múltiples denominaciones de origen independientes, lo que fragmenta la comunicación.


En este sentido, la DOP Islas Canarias es un modelo muy positivo. Permite clasificar los vinos por origen, región, isla, municipio o parcela, combinando unidad y diversidad.


Para un territorio pequeño, esta estructura es más coherente y eficaz. Una entidad común no elimina la identidad de cada isla, pero sí refuerza una voz conjunta más clara y fuerte a nivel internacional.


Una identidad que hoy encuentra su lugar


El creciente interés internacional por los vinos de Canarias no es casual. Como refleja el propio artículo de Harpers, el mercado valora cada vez más el origen, la singularidad y la autenticidad frente a la estandarización .


En Viñátigo, ese camino comenzó hace más de tres décadas con una convicción clara: que el futuro del vino canario no estaba en parecerse a otros, sino en profundizar en lo que lo hace único.


Hoy, esa idea no solo se mantiene, sino que encuentra su reconocimiento. Porque, al final, el vino no es solo lo que se bebe. Es el lugar del que nace.


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